25/06/2026
Hasta el momento está oficialmente confirmada la deportación o el traslado forzado de 20 570 niños ucranianos — según los datos del programa humanitario Bring Kids Back UA. Mientras que las cifras reales pueden ser significativamente mayores.
La devolución de los niños no empieza solo con la diplomacia. A menudo es una búsqueda de rastros en fuentes abiertas: redes sociales, registros, bases de datos rusas, reportajes propagandísticos, páginas de orfanatos e internados.
Nuestros socios de Radio Nakypilo hablaron con Bohdan Muzyka, analista OSINT de Molfar Institute , sobre cómo funciona este tipo de investigación.
«A fecha de abril, los especialistas de Molfar han identificado a unos 200 niños que se encuentran en territorios temporalmente ocupados, Rusia o Bielorrusia. De esta lista ya se ha confirmado el regreso de 11 niños. Además de la búsqueda directa de los niños, los analistas documentan los nombres de los criminales implicados en los esquemas de deportación e identifican a los ejecutores concretos sobre el terreno»
La búsqueda de cada niño es un caso aparte. No existe un algoritmo único.
Los analistas revisan las redes sociales del propio niño, de sus familiares y de las personas que pudieron haberlo adoptado.
Utilizan la base de personas desaparecidas del Ministerio del Interior de Ucrania, canales de Telegram con listas de niños deportados, el «banco de datos de niños huérfanos» ruso, donde publican fichas para adopción.
También emplean búsqueda por imagen, consultas complejas en Google y Yandex.
Cuanto más pequeño el niño, más difícil
Los rusos con frecuencia cambian los nombres, apellidos, fechas y lugares de nacimiento a los niños ucranianos secuestrados. Por eso los analistas tienen que verificar cientos de combinaciones de datos y confirmar la identidad a través de distintas fuentes.
Si se trata de un bebé o de un niño de 1 o 2 años que no habla, no recuerda a sus padres ni su origen, ese niño crecerá sin saber nunca que en realidad es ucraniano.
«Los niños pequeños aún no han dejado rastro digital propio. Esto dificulta la lucha contra la falsificación de identidad del niño. Incluso la búsqueda por imagen, que a menudo es decisiva, tiene sus límites. Hay pocas fotos de bebés en la red, y los servicios de reconocimiento facial suelen tener limitaciones técnicas o éticas para la búsqueda de niños pequeños.
Por eso es fundamental documentar los testimonios de los familiares, registrar los hechos del secuestro y encontrar a los autores del crimen. A través de la identificación de las personas implicadas, dejamos abierta la posibilidad de rastrear el camino del niño y devolverle su verdadero "yo" en el futuro»
Irónicamente, la propaganda rusa a menudo ayuda a documentar los propios crímenes: los rusos graban reportajes sobre el «rescate» de los niños secuestrados, publican fotos de orfanatos, internados, campamentos y celebraciones como el «día de la victoria».
Para los analistas, estos materiales pueden ser pruebas de valor crítico: a veces son las únicas confirmaciones visuales disponibles sobre la ubicación del niño tras el secuestro.
Adoctrinación documentada
Se trata de la «reeducación» sistemática de niños en los territorios ocupados: escuelas rusas, guarderías, celebraciones, actos propagandísticos, imposición de una ideología ajena.
En este caso los analistas OSINT no se centran tanto en buscar a los niños, como en identificar a las personas implicadas en este proceso.
«Este trabajo ya ayuda a los servicios de inteligencia ucranianos a identificar a las figuras clave en las cadenas de mando de la propaganda educativa. Esto permite neutralizar la influencia del enemigo y proteger la identidad de los niños que siguen retenidos como rehenes en los territorios ocupados», cuenta Bohdan Muzyka.
Por qué esto importa
Hasta el momento están documentados más de 20 000 casos de deportación de niños ucranianos.
En marzo de 2023, la Comisión de Investigación de la ONU reconoció la deportación de niños ucranianos como crimen de guerra.
Pero para que los organizadores y ejecutores rindan cuentas, se necesita una base de pruebas sólida: nombres, vínculos, documentos, fotos, vídeos, rutas, roles de personas concretas.
A veces solo una foto de un orfanato, una publicación en redes sociales o una vieja ficha en una base de datos rusa pueden convertirse en el hilo que ayude a encontrar a un niño, reconstruir su verdadera historia y devolverle su nombre.